Cuenta sus pasos sobre el borde del acantilado …tres, cuatro, cinco… respirando muy muy despacito, saboreando el contorno del aire atravesar pausadamente su nariz, y luego sus pulmones. Va ataviada con un vestido blanco salpicado por el dorso con flores de color violeta, y pasea descalza, derramando su andar sedoso por aquí y allá entre la hierba, mientras la brisa bebe de vez en cuando de su pelo rizado, o el sol acaricia la tersura de su piel.
Gira a veces sobre sí, esculpiendo en su vestido cierta danza sufí, con los brazos extendidos, la cabeza echada hacia atrás y los parpados plenamente doblegados, todo en un transcurrir muy lento, apenas hollando la tierra con la punta de sus pies y aún contando …dieciséis, diecisiete...
De pronto a unos pasos de distancia ve un espejito roto y aligera a recogerlo. El espejo se encuentra tirado sobre una roca, justo al límite del barranco. Ella lo recoge, y curiosa como es mira de frente para descubrir que una mujer con el pelo mojado la sonríe desde el otro lado ¿Te vienes? le dice ella, la mujer asiente. Mira entonces un poco hacia abajo, y se lanza allá dónde Mayo no la pueda alcanzar.
… treinta.
y así es como veo yo el més de abril
y así es como veo yo el més de abril





