jueves 25 de septiembre de 2008

La flor dorada

Era un hombre bueno, honrado, y ante todo amante de las flores. Por eso había elegido escrupulosamente su casa, por su hermoso jardín en el cual solía crear unas bellas composiciones florales.

Y así vivía él, con dedicación casi exclusiva hacia sus flores. Hasta que de la noche a la mañana, sin causa aparente, se le murieron todas. Volvió a plantarlas una y otra vez; Una y otra vez... aunque no consiguió que nada le creciese. Parecía como si su jardín se hubiese muerto.

Pero una buena tarde, apareció en su puerta una joven bellísima con una semilla en la mano. Y le dijo que de aquella semilla nacería la flor más espléndida, la más bella... la más bella flor para la más bella persona dijo. Y también, que aquella flor le devolvería la vida y el color a su jardín, pero que a cambio tan solo le pedía que la cuidase bien y que prometiese que haría lo que fuera para que nunca perdiese su esplendor y hermosura. Dicho eso, dio media vuelta y se fue.

El hombre así lo hizo; plantó aquella semilla en medio de su desolado jardín, y contempló atónito como pronto de aquella semilla comenzaba a brotar una dorada flor. Al ver que su tierra renacía, decidió volver a intentar repoblar su jardín, y tal y como predijo la joven, todas las flores crecieron con ímpetu dando un colorido insólito a su renovada morada. Los aromas y distintas formas florales, se mezclaban entre sí dando lugar a uno de los más bonitos rincones que aquel hombre había visto nunca. Era de nuevo feliz, feliz como jamás antes lo había sido.

Y así transcurrieron sus siguientes años, con una plena satisfacción. Su bello rincón, poco a poco se fue dando a conocer, y muchos fueron los curiosos que se acercaron a ver aquella dorada flor. Pero el hombre no dejaba que nadie se le acercara demasiado a pesar de que sabía que mucha gente venía desde muy lejos. Había prometido que haría lo que fuese por cuidar aquella extraña maravilla, y así lo hacía.

Hasta que un día de verano, inexplicablemente, bajó a su jardín y arrancó la dorada flor de sus raíces, consciente de que al hacerlo, podría no volver a ver nunca su particular edén tan radiante como lo era entonces. Y efectivamente, al notar su ausencia, pronto comenzaron a desaparecer todas las demás flores, de tal manera que en pocos días ya no quedo ninguna.

Y triste por volver a ver su rincón desolado, trató de recuperarlo sembrando toda clase de flores. Compró semillas de todo tipo. Probó viajando a los lugares más remotos del mundo, y haciéndose con plantas que eran capaces de vivir en las más extremas condiciones. Pero o no llegaban a ver la luz, o morían al de muy pocos días. Su jardín, desgraciadamente, nunca volvería a ser un jardín. Y jamás nadie entendió porque aquel hombre teniendo todo lo que siempre había soñado tener, hizo lo que hizo.

Pero muchos años después, ya casi en su lecho de muerte, una buena tarde una bellísima mujer apareció nuevamente en su puerta:

-Tan solo te pedí que nunca dejases que nada le ocurriera; y tú dejaste que desapareciese infelizmente como lo harás tú dentro de poco. Pensé que eras una bella persona... al parecer me equivoqué.

El hombre, sereno pero débil, entró en su casa y volvió con una caja antigua de madera entre sus brazos. Abrió la tapa, y de la caja sacó una flor, que a pesar de haber perdido ya cierto color, seguía siendo singularmente hermosa. Y mirando fijamente a aquella mujer, le confesó:

-Nadie había hecho nunca nada por mí. Nadie. Y entonces llegaste tú, que sin pedírtelo, me devolviste la ilusión y el amor por la vida. Y jamás te pude dar las gracias porque te marchaste sin tan siquiera decirme adiós. He esperado durante muchos años a que volvieras, y francamente pensé que ya no lo harías. Pero aquí estás, y como he dicho he esperado durante mucho tiempo a que volvieras, porque una vez me dijiste, que está flor es para la más bella persona...

Y mientras unas finas lágrimas caían de sus mejillas, extendió su mano hacia aquella bella mujer, con una flor dorada entre sus dedos.

sábado 20 de septiembre de 2008

...hasta que te tuve


Se dice que los niños tan solo quieren lo que no poseen, y que hacen lo imposible para obtenerlo, pero que cuando al final lo consiguen, dejan de quererlo porque ya lo tienen.

Y entonces me pongo a mirar a mi alrededor, y pienso en lo larga que puede llegar a ser la infancia; en serio.

sábado 13 de septiembre de 2008

Un día de estos me voy a forrar


Dicen que en la vida todo es un 50 %; o sí, o no. Partiendo de ahí, que me toque la loteria también es un 50 %; o me toca, o no me toca.

Un día de estos me voy a forrar...

miércoles 10 de septiembre de 2008

Mirando sin ver

En la vida,
la mayoría de veces,
lo que importa realmente pasa completamente inadvertido

martes 9 de septiembre de 2008

Un realista


Pesimismo es no empezar nada por miedo a nunca a acabarlo, o por miedo a que se acabe antes de tiempo
Optimismo es no empezar nada por creer que ya está acabado

Pesimismo es sacar paraguas aunque lleves gafas de sol
Optimismo es sacar gafas de sol aunque lleves paraguas

Pesimismo es decir que nunca escucharás tu canción favorita porque John Lennon murió antes de lo debido
Optimismo es creer que John Lennon aún está vivo

Pesimismo es no saber encender una vela cuando se va la luz
Optimismo es no tener velas

Pesimismo es ver fantasmas donde tan solo hay sábanas
Optimismo es ver sábanas cuando no hay ni camas


Pesimismo es no vivir, por pensar que hemos nacido para morir

Optimismo
en cambio, es deducir que no morimos, basándose en que hemos nacido para vivir

lunes 8 de septiembre de 2008

A mi tía abuela


H
oy hace 20 años, sobre las 3 de la madrugada, que mi madre adelgazó 3 kilos y medio. De golpe (creo). 20 años en los que quizá (lo más seguro) podría haber hecho más, haber sido mejor persona y haber inventado la fusión fría. Pero no me puedo quejar.

Y como siempre, cuando llega tal fecha, da lugar el ritual de las 17.415 llamadas. Un ritual que consiste en repetir la misma conversación con cada familiar que te llama. Pero hoy, entre las 17.415, ha habido una que me gustaría comentar:
¿Si?
¡Felicidades!
Gracias.
¿Cuántos van? Que ya no me acuerdo.
20
¿20 ya? Como sigas así me alcanzas...

Que si me lo dice cualquiera, podría sonar hasta ridículo, pero en boca de una persona de 95 años, pues tiene su gracia.

domingo 7 de septiembre de 2008

Hablar por hablar

Venía yo pensando de camino a casa; odio a esa gente que habla por hablar.

Como aquel padre que vi el otro día en un parque, con su hijo. Y empezó diciéndole que si tenía los zapatos sucios; que si no le daba vergüenza; que si no estudiaba nada; que si a ese paso iba a acabar trabajando de camarero...

Que a mí se me ocurre, ¿qué tendrá de malo trabajar en un bar? Joder, habrá oficios peores. Como... No sé. ¡Mira sí! Los que trabajan de vigilantes (seguratas) en los estadios. Ésos sí que tienen un mal trabajo. Imagínate; final de la Champions. El estadio lleno. Toda la gente como loca celebrando cada ocasión. Oyéndoles decir (porque se les oye) "¡Está siendo el mejor partido de la historia!". Y tú, en el mismo estadio, pero de espaldas al césped. Es como si le dieses un caramelo a un niño, dejaras que le diese un lametazo, y luego se lo quitaras. Y no solo eso, si no que trás quitarle su dulce, 60.000 personas se comerían un caramelo delante de él. Ahí, tocándole los cojones. Luego quéjate de que el crío se ha convertido en un auténtico hijo de puta.



¿Y qué estaba diciendo? ¡Ah!, si. Que odio a ese tipo de gente que habla por hablar y dice lo primero que se le ocurre.

sábado 6 de septiembre de 2008

Casi sin querer


Segunda llamada. Un tono, dos, cinco... ¡qué coño! ¿Éstos hoy no trabajan? Por fin. Me atiende un joven. Éste es nuevo, no tiene el acento sudamericano de Willy. El caso es que él me dice que espere, y yo, espero. Espero, y me canso.

¿Sigue ahí? 1 minuto y 34 segundos y se vuelve a poner "el nuevo". En fin... Buenas, quiero una pizza especial de la casa. Familiar. Primero dígame el domicilio. Calle San Juan. 17. 2º derecha. Calle San Juan... ¿qué más? Suspiro. 17 2º derecha. ¿17 qué es, el portal? Suspiro. Más fuerte. Y asiento.

¡Mierda! Richard, se me ha borrado todo. ¿qué hago? Pues hijo, pídeselo otra vez. Me encanta el tono de obviedad que utiliza el tal Richard, cómo si se tratase de la pregunta más tonta que hubiese escuchado nunca. ¿Me puede rep...? Calle San Juan, portal 17 2º derecha. Le corto y hablo rápido para agilizar, que son las nueve y media y tengo hambre, mucha hambre. Calle San Juan, portal número... Pero se para. Y no me lo creo. ¿Me puede usted rep...? Vamos... ¡No me jodas!

¡Richard! ¡qué me ha vuelto a pasar lo mismo! Apunto de sugerirle a gritos, que si no tiene ni zorra idea de usar un ordenador coja de una santa vez papel y boli, no le digo nada. Más que por respeto, por falta de iniciativa. ¿qué la quiere, de masa fina o clásica? No tenéis masa fina. Sé que no hay fina, porque Willy me lo recuerda cada vez que llamo. Y al nuevo, hay que tratarlo como tal. Aquí pone que sí tenemos. Yo sé que no, pero no voy a discutir. ¿y qué pizza me ha dicho que quería? Una familiar. Especial de la casa. ¿Ingredientes? ¡Éste es tonto! Pues los de la especial de la casa. ¡Ah! Jamón y eso... ¿y la otra? ¿Cómo la otra? ¿que de qué quiere la otra pizza? ¿Pero cómo la otra? ... Richard, ¿Cómo anulo...? ¡Joooder!

Una hora más tarde, suena el timbre. Abro, y espero junto a la puerta, que ya son las diez y media y tengo hambre, mucha hambre. Sube un joven, con el casco todavía en la cabeza. Son once con veinte. ¡El nuevo no era nuevo! Era el motorista.

Le pago. Rápido y sin propina, y ni me doy cuenta de que pagar 11 euros por una pizza familiar especial de la casa, no es nada. Le cierro la puerta casi en las narices, y voy directo a la cocina. Pero a pesar de ser las diez y media, y tener hambre, mucha hambre, se me quitan las ganas de comer al ver que lo que me ha traído el desgraciado de él, es una pizza mediana de jamón y queso. Y me acuerdo de toda su familia. De toda. Pero de pronto sonrío. Casi sin querer.

Es de masa fina.

viernes 5 de septiembre de 2008

www.tequiero.com


¿Y cómo es Rose? me preguntó ella, coqueteando.


Él no necesita verte para saber quién eres. Él se estremecería si te ocurriese algo, pero nunca llora. Él ve, no mira. Él te daría su piel si ya no te quedase ropa. Él perdona, y olvida. Él vive despacio y es tranquilo. Él viste bien. Él es guapo. Él sabe amar, incluso a quién no se lo merece. Él es capaz de no respirar si así consigue que tengas más aire. Él sabe escuchar. Él es honrado, y tiene la extraña manía de sonreír. Él se levantaba todas las mañanas pensando que ése sería el día en el que conocería al fin alguien como tú, tan interesante... tan entrañable... y que se casaría con ella, tendrían 3 hijos, y vivirían juntos para siempre.

Una lástima que él no sea yo

Y tras escribir eso, apagué el ordenador. Estoy cansado del ciber amor y de l@s ciber payas@s, en serio...