A mí siempre me costó dormir. Tal vez por eso, aprendí a soñar.

No recuerdo muy bien cuando ocurrió por primera vez pero creo que fue un acto reflejo, nada premeditado. Un día, simplemente, me sorprendí levantando los brazos y levitando a un palmo del suelo.
Y poco a poco me fui convirtiendo en un adicto. Desde que despertaba me ponía a contar las horas que me faltaban para el siguiente sueño. Hoy voy a ser un pez, me decía. Quiero aprender a nadar.
Pero contra más soñaba, menos me gustaba lo que me encontraba al despertar. En mi mundo no había ruido, ni frío, ni esa horrible sensación de soledad. Mi mundo se paraba cuando yo estaba cansado, y cambiaba cuando quería que cambiase. En él era feliz, o al menos, eso parecía.
Pero luego de pronto, desaparecía de golpe y me daba cuenta de que todo seguía donde lo había dejado. Las mismas mentiras. Las mismas preocupaciones. Demasiado por lo que llorar y muy poco que elogiar pensaba... Cada vez me costaba más dormir.
Pero a mí siempre me costó dormir. Y tal vez por eso, aprendí a soñar.

No recuerdo muy bien cuando ocurrió por primera vez pero creo que fue un acto reflejo, nada premeditado. Un día, simplemente, me sorprendí levantando los brazos y levitando a un palmo del suelo.
Y poco a poco me fui convirtiendo en un adicto. Desde que despertaba me ponía a contar las horas que me faltaban para el siguiente sueño. Hoy voy a ser un pez, me decía. Quiero aprender a nadar.
Pero contra más soñaba, menos me gustaba lo que me encontraba al despertar. En mi mundo no había ruido, ni frío, ni esa horrible sensación de soledad. Mi mundo se paraba cuando yo estaba cansado, y cambiaba cuando quería que cambiase. En él era feliz, o al menos, eso parecía.
Pero luego de pronto, desaparecía de golpe y me daba cuenta de que todo seguía donde lo había dejado. Las mismas mentiras. Las mismas preocupaciones. Demasiado por lo que llorar y muy poco que elogiar pensaba... Cada vez me costaba más dormir.
Pero a mí siempre me costó dormir. Y tal vez por eso, aprendí a soñar.

