sábado 10 de enero de 2009

¿Quién decide ?


M
ucha muchísima gente no sabe lo que quiere en la vida.

Ni lo que le conviene. Ni tiene capacidad ni /o criterios suficientes ni /o ganas para averiguarlo. Y peor aún, no sabrían decretar si algo es justo o prevaleciente más allá de sus propios supuestos intereses. Por lo que siendo concluyentes, es absurdo que lo correcto sea que la mayoría decida, en serio.


Puede que suene un tanto discriminatorio y dictatorial, pero sencillamente es lo que pienso. Y que conste que no tiene nada que ver ni con clases sociales, capital, poder adquisitivo… ni mucho menos con razas, edades… ni con tan siquiera ideologías políticas. No guarda paralelismos en absoluto con tan absurdas distinciones.

Es solo que no creo que todo el mundo merezca el mismo valor. Que el juicio de alguien sea comparable al de otro sólo por la igualdad de derechos me parece totalmente ridículo.


Por poner un ejemplo, si el debate tratase sobre si conviene o no cambiar el petróleo por etanol, no tendría sentido que la opinión de un químico que sepa calcular la energía que puede llegar a dar de sí cada una de las dos, o la de un experto en medioambiente que sepa valorar la contaminación que emiten, pueda incluso acercarse al valor de mi ignorante visión sobre el tema. Sería completamente de locos que si dicho problema se llegase a decidir por medio de una votación, diesen la misma importancia a mi sentencia que a la suya.

Y partiendo de esa base, me imagino cómo podría llegar a ser si se trasladase esta idea a prácticamente cada aspecto de la logística e infraestructura de la sociedad. Y la verdad es que me gusta. Me gusta y me convence, al menos más que la actual.


Pero claro, esto nos llevaría de cabeza a la pregunta de quién sería el que valorara y cómo dictaminaría dicho juez si alguien es apto o no para saber qué es lo más conveniente en cada caso, porque en el anterior ejemplo he reducido todo a simples títulos académicos, y es de cajón que eso realmente no es lo primordial. Hay infinidad de factores ajenos a la doctrina tan importantes o más como para tener el derecho a decidir por y para los demás.



Y yo sinceramente, podría llegar a tener vagamente alguna idea de a quienes delegaría el poder de decidir y de tener tan ardua responsabilidad si se diese la coyuntura.

¿Pero cómo descarto entonces que a mi "gran utopía" no va a venir algún otro que utilizando mis propios criterios decida que lo correcto es volver a ponerlo todo del revés, y que lo mejor es dejarme a mí y a todas mis ideas, inclusive ésta, otra vez en la estacada?

8 disparates:

Un estertor dijo...

La respuesta la tiene un trocito de papel al que cualquiera le da el valor quel poderoso dinero acoge colectivamente.

Busca información sobre cuánto hay que invertir para el simple hecho de acceder a determinadas leyes, para ojearlas, y, entonces sí, indígnate.

No te dejes engañar por la supuesta igualdad de derechos, ya que los derechos son privilegios, mercancía muy barata para unos cuantos, para la minoría.

Recuerda: trabajar para este sistema es hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Tranquilo, que yo también me veobligado a currar para comer y mantener mis "derechos".

En fin, que proseguiría escribiendo aquí, pero mejor no saturar esto y, además, ahora mismo acabo de darle al botón de publicar entrada (unabsurda entrada, faltaría más), con lo que voy a dar un poco el follón fuera de tu blog. ;)

Venga, un saludo y no pierda el toque.

hécuba dijo...

Yo crearía salas de condicionamiento neopavloviano e hipnopedia. Si desde crío te meten en el cerebro lo que es bueno y malo, de mayor no tienes que decidir, ya han decidido por ti. Y así viviríamos en un mundo feliz.

Nati dijo...

La prueba de que lo que decide la mayoría no suele ser lo mejor, es que el tal Chikilicuatre (o como se escriba) representara a España en Eurovisión... En fins.
Yo creo que la democracia funciona en comunidades pequeñas, pero a un nivel tan grande como el de ahora, la cosa degenera. Y no sabes ni qué pasa, ni quién manda, ni nada de nada... Así que no veo las noticias y a mi bola. Hombre, si alguien con buenas ideas se anima a montar una revolución, que me avise. Yo nunca he tenido mucha iniciativa ;-)

Rose Kavalah dijo...

Vale, te apunto...

Cuando nos juntemos unos cuantos, empezamos.

:)

Rose Kavalah dijo...

por cierto estertor y hecuba, me gustaron mucho vuestros comentarios, aunque no dijese nada.

con vuestro permiso os apunto también :)

un saludo a los dos!

Maite dijo...

Hola. Soy nueva aquí. Y tu entrada no me ha dejado indiferente.

Si a mi me pidieran opinión de algo que desconozco, en primer lugar lo asumiría y permitiría que alguien que sí sabe me diera datos (que no "juicios") para poder hablar.

A mi me gusta pensar en algo que leí y que cuando sé que quizas mis decisiones dañen a alguien intento aplicar:
"El menor mal para el mayor número de personas sensibles".
si las grandiosas decisiones mundiales (como guerras) tuvieran esta premisa antes de empezar, no moriría tanta gente y quizás alguien renunciaria a tener siempre la razón.

En cualquier caso, sólo es mi opinión.

Un saludo a todos.

Rose Kavalah dijo...

Mira Maite,
No te voy a llevar la contraria porque realmente pienso casi igual que tú. Casi.

De todas formas hablas de datos y no de juicios, y aquí sí que te tengo que llevar escandalosamente la contraria. En la mayoría de cuestiones que crean discordia, al menos las que a mí me re patalean, vamos, los datos no sirven absolutamente de nada. De nada. Es el juicio, moral, ética, bien... llámalo como quieras, lo que nos debería dar la respuesta. Y nos la da de hecho. Pero claro, muchas veces no conviene escucharla.

Dices de aplicar el menor mal para el mayor número de personas sensibles.
Vale. Desde el punto de vista práctico y cotidiano está bastante claro, y creo que algo así es lo que la mayoría hacemos, en menor o mayor o medida, aunque no reparemos en ello.

Pero desde el teórico es sumamente jodido, y es por eso que digo lo que digo. Me explico:

Aplicar el menor mal… eso ya es intervenir en juicios morales, que claro, cada uno piensa obviamente que los suyos son los correctos y actúa en base a ellos, lógico y respetable. Pero cuando lo que decides afecta a personas ajenas a ti, ya no solo vale con tener las mejores intenciones. Hay que acertar…
Por eso, te empiezas a preguntar ¿y si nuestros juicios no tienen fundamento, y además no tienes la capacidad ni ganas de descubrirlo? ¿Sí cada poco estamos cambiando de opinión respecto a algo, cómo podemos decir saber qué está bien o qué está mal?

Voy a poner un ejemplo un poco apartado del tema, pero que me sirve bastante bien para explicar lo que quiero decir, además de que alude a tu comentario sobre las grandiosas decisiones mundiales (como guerras:

la guerra de Palestina, que está reciente.

Bien, alguien te dirá: joder los Israelitas qué cabrones, están bombardeando Palestina sin ningún sentido, y te explicará alguna noticia que haya escuchado, te contará el número de muertos y te hablará de una niña pequeña sin brazos que decía haberse quedado sin familia, mientras tenía entre sus brazos un peluche roto y con polvo.

Mientras tu corazón se medio rompe, pensarás; joder… eso está mal, israelitas cabrones.

Ya tienes tu primer concepto moral respecto al conflicto, apoyas a los palestinos.

Pero luego un día, mientras indagas, leerás la declaración de intenciones de Hamas, la cual habla de aniquilar hasta el último atisbo de vida del judaísmo, nunca de dialogar, y entre otras muchas cosas exigir la vuelta del “Al-Ándalus” al islam. Entonces te pondrás mosca, seguirás leyendo y te encontrarás con que fueron ellos quienes rompieron la tregua, y que además, están al mando oficialmente electos por el pueblo palestino.

Aquí ya no será tan clara tu idea respecto al conflicto, pensarás… joder, aquella niña me daba pena, pero estos del Hamas también son unos cabrones, ¡y el pueblo les apoya!

Entonces dirás que odias la guerra en general, y que todo es un sinsentido. Palabras bonitas pero que no arreglan nada. Sino házselo entender a un palestino y a un israelita, a ver que te contestan.


Bien, luego leerás historia, veras la evolución del territorio al que los dos pueblos apelan. Veras que a lo largo de los años ha sido tanto de uno como del otro, por más o menos tiempo, y que los dos se lo merecen. Aunque, te extrañarás al ver que la mayoría del territorio que comparten y que se supone que es de los dos, la gran mayoría, es ahora Israel. Y aún más, lo que se supone que es Palestina, está lleno de emigrantes israelitas que además gozan de una especie de asilo intero. Y dirás… joder, vale, es de los dos, pero la partición ha dejado en mal lugar a Palestina. No es justo. Y de verdad que no lo es.

Entonces, pensarás que tiene que haber una solución política, pero alguien te cortará y te dirá…. Ya, pero es que los estados unidos apoyan a Israel (al menos hasta ahora, a ver con Obama), Alemania tiene miedo de meterse con los judíos… nadie quiere mover un dedo por Palestina.

Pobres… pensarás, el dinero es el mal del mundo. No me extraña que acaben recurriendo a la poca fuerza que tienen, como Hamas, para intentar arreglar algo.

Y al final, aunque quizás no apoyes la decisión de los palestinos por votar a unos, llamémoslos terroristas, les entenderás. Ya te caen algo mejor…

Pero luego vendrá otro o leerás algo que cambiará otra vez radicalmente tu punto de vista sobre el tema, y así sucesivamente…

¿Me explico?

En las cuestiones importantes, en las de verdad, todo se debería basar por el juicio del “bien”. Pero para poder definir el bien, tendríamos que recurrir a gente que sabe de lo que habla, y que vislumbre algo de humanidad claro, porque si te confundes en tus principios, por mucho que quieras segirlos y gozes de convicción por querer hacer lo correcto, irás en direccción equivocada, lo cual no ayuda.

Por eso te digo que el decidir qué es lo correcto o qué no, la mayoría de veces suele ser bastante simple, pero en algunos casos, está jodidamente difícil.

Y la diferencia entre tú y yo, cosa que respeto mucho por cierto, aunque discrepe, es que tú dices que es entonces cuando, al desconocer o no tener criterios suficientes sobre lo que se discute, delegarías tu voz en algún entendido. Y que eso es lo que deberían de hacer el resto de las personas.

En cambio, yo creo que, como desde el principio, mucha muchísima gente no sabría o no tendría criterios para elegir a las personas adecuadas en las que delegar el asunto, la cosa no funciona. Porque creeme, mucha muchísima gente, se cree y se fía de cuatro bobadas que se les dice y ya dan su voz a vende humos sin vergüenzas, que aunque vendan humo como digo, son buenos vendedores.

Y es por eso, que yo no delegaría mi voz en gente entendida y honrada, sino que delegaría en ellos el poder de decidir a quién dan voz, porque creo, en mi humildísima opinión claro, que mucha gente no se merece opinar.


Un saludo Maite!

Maite dijo...

Rose Kavalah, en primer lugar muchísimas gracias por permitirme expresarme en tu espacio, pero más aún por dedicarme parte de tu tiempo en contestarme, por lo que siento que no han caído en saco vacío mis palabras. A pesar de que podamos discrepar, estamos dialogando.

Dialogando.

Quizas nos falte un te verde, o un café, pero dialogamos.

Gracias también por darme tantos datos de un conflicto que conozco tan solo superficialmente y que tu muy bien has descrito... prácticamente desde "mi punto de vista" puesto que en un conflicto siempre he creido que es necesario ponerse en la piel del "otro lado", sea cual sea el que sea más cercano a ti.

Si es cierto que tienes veinte años, me alegra saber que formas parte de los que vienen detrás de mi, puesto que te implicas y opinas y te mojas...

No deseo extenderme más, puesto que podriamos consumir muchas letras y disfrutar de aprender y crecer juntos, el uno del otro, dialogando.

Mucha razón tienes cuando dices que los males de muchos problemas del mundo son el poder y el dinero.

Espero que espacios como este, el internauta, promueva activamente el diálogo y el intercambio positivo de opiniones.

Al fin y al cabo es mucho lo que nos estamos jugando.

Tengo dos hijos, que espero que de mayores sean críticos como tú y no acepten ideas impuestas pero que tampoco hagan valer su opinión mediante la agresión y la fuerza.

Diálogo, empatía, respeto, sólo pueden conducirnos directamente a la paz.

Un superabrazo y te agrego a mis preferidos... para seguir charlando algún día.

Besos,