sábado 28 de febrero de 2009

Gente


- Señora curiosidad: ¿qué tal anoche?
- Señor Alpheimer: Sí... Muy bien. Fui a ver un concierto, uno de… em… esto… joder!! Sí hombre, que el nombre se parece a… se parece a este pueblo… dios!! Éste que está en la costa ésta de… en dónde nació este actor muy muy famoso. Sí hombre!! Este que hizo… em…. Eee… … …
- Señor cabrón: ¿¿Se te ha comido la lengua el gato??
- Señor Alpheimer: ¡¡No joder!! Es que no me acuerdo de nada.
- Señora con el don de la oportunidad: Tranquilo hombre, que si no te acuerdas es que no sería muy importante

jueves 26 de febrero de 2009

Paso a paso


No merece la pena mirar a lo lejos y especular en si es poco o mucho lo que nos falta por llegar. Con mirar hacia abajo y ver dónde vamos pisando ya es más que suficiente.

Sinceramente, no sé cuánto viviré si todo va bien, 70? 80? quizás 100? Pues no. Os diré que a mí no me quedan 60 años de vida (por poner un ejemplo), a mí me quedan 1892167189 segundos...

Porque créanme, aunque cualquiera con una calculadora en su mano os diga que son practicamente lo mismo, no lo son.

El pentagrama de Rose


Inauguro un rincón dónde ir recopilando música mientras renuevo la del oasis.

martes 24 de febrero de 2009

Al ocaso



Y una vez más,
se disipó al esconderse el sol

domingo 22 de febrero de 2009

Leer, oír y ver


Lo que más le gusta a la gente es leer, oír o ver cosas que dicen que no les gustan para acto seguido ponerlas a parir.

Y me da por pensar que la gente lee, oye y ve cosas que dicen que no les gustan, porque en realidad no tienen nada mejor que leer, oír o ver.

jueves 19 de febrero de 2009

Por el lado oeste


M
ientras ella descendía sujeta a quince sábanas anudadas,
él escalaba en busca de su amada por el lado oeste de la torre.

miércoles 18 de febrero de 2009

Paradojas


S
i te dijese te quiero,
te estaría mintiendo...

Si te dijese que no te olvidaré, también te estaría mintiendo,
y si te dijese que el olor a melocotón todavía me recuerda a tí,
seguramente,
me lo estaría inventando.

Si te dijese que lo eras todo para mí,
lo haría con los dedos cruzados.

Si te dijese que me quedé sin voz de tanto llorar,
probablemente,
estaría fingiendo,
y si te dijese que eres lo más bonito que he visto en mi vida,
lo haría con los ojos cerrados.


Si te dijese lo siento,
te estaría engañando.



Pero si te dijese que no sé vivir desde que no estás a mi lado...
Si te dijese que no sé vivir....
Si te dijese que no sé...

creo que lo haría de corazón.

martes 17 de febrero de 2009

Dije,


aunque sea por una vez, quiero acabar escribiendo sobre algo que jamás haya escrito. Sobre algo frívolo e intrascendente. Pero a su vez novedoso.

Y me puse a pensar. A pensar en ese algo que me ofrecería no solo un flamante relato sino sobre todo la tranquilidad de saber que puedo acabar escribiendo sobre lo que sea, que todo es cuestión de propósitos.

Pero al poco tiempo pensé… ¡Joder! ¡Qué tonto soy! ¿Cómo se supone que voy a pensar en algo en lo que jamás se me ocurriría pensar? Y dije, ¡qué le den! que piensen mis ojos… y me fui directo a ver la tele. Allí encontrarían algo en lo que inspirarse, lejos de las fronteras de mi pobre imaginación.

Pero pronto se aburrieron de desglosar cada imagen en busca del numen, y lanzándose a la inercia se entretuvieron viendo una triste película. Y luego un programa cualquiera. Y yo con ellos. Y no fue hasta pasadas varias horas que recordé porque estaba allí, con un papel sobre las rodillas lleno de trazos sin sentido.

Así que decidido, volví a la mesa de estudio a releer lo poco que tenía escrito. Palabras sueltas, muy pocas hilvanadas y algún que otro dibujo que no recordaba haber dibujado llenaban el vacio. Difícilmente encontraría nada entre tanta debacle. Al menos no de provecho.

Pero de pronto, dándole vueltas a la idea de acabar escribiendo sobre algo en lo que nunca lantes hubiese reparado, se me ocurrió la brillante idea de acabar hablando sobre alguien que quería escribir algo novedoso.

Escribiría irónicamente sobre cómo se me ocurrió la idea de elaborar este pequeño relato, que de hecho era lo que llevaba todo el día haciendo. Ya lo tenía.




Pero sinceramente, nunca me gustaron los finales tan sumamente predecibles, y aún menos los finales que cierran todo sin incluso antes haber desvelado “ese algo” tan novedoso que se venían prometiendo. Por eso hice una pequeña pelota con aquel papel y lo tiré a la papelera. Después, me acordé de que tenía hambre y me dirigí a la cocina a comer un poco de fruta.

Y es por eso que hoy, al final, acabo escribiendo sobre los melocotones, o quizás sobre las nectarinas.

sábado 14 de febrero de 2009

Rose 64


Supongamos... un mundo. Un mundo que sólo vive de noche (puestos a elegir lo prefiero así)
Supongamos... que hay personas en ese mundo. Al menos las que necesito para poder contar esta pequeña historia.
Supongamos también... que el mundo y todos los que habitan en él, incluido yo, giramos en torno a una sola persona; el protagonista de esta pequeña narración.
Supongamos... que sólo el protagonista tiene nombre; Rose. Y que los demás solo somos números (el mío va a ser el 64).
Supongamos... que todos los números de esta pequeña historia sabemos quién es Rose porque, a menudo o muy de vez en cuando, solíamos o solemos hablar con él.

Nadie conoce a Rose

No es una suposición, es un hecho. Todos sabemos quién es Rose, pero nadie le conoce. Por ejemplo yo...
tan solo conozco a "Rose 64"




Ahora supongamos otra vez... que el mundo inventado que necesitaba para esta pequeña historia, es el que estás pisando, y que todos los que habitamos en ella, nos llamamos Rose...

teniendo guardada una cara diferente por cada número que hay girando a nuestro alrededor

viernes 13 de febrero de 2009

Una encima de la otra


L
a vida está construida por piezas muy muy pequeñas que apiladas una encima de la otra constituyen todo cuanto somos.

Es por eso que de moverse alguna puede derrumbarse todo, al igual que poniendo una en el sitio adecuado se puede lograr afianzar a otras tantas, llegando incluso hasta a poder prescindir de esas que prácticamente ya no nos aportaban nada.

viernes 6 de febrero de 2009

Moscas "MR"

editado: pronto volveré a poner las viñetas. Han desaparecido

ilustración, Mael
guión, Rose

miércoles 4 de febrero de 2009

Eureka

" Vertientes opuestas rodeando todo su ser, y él, abrazado a la vorágine de la vida negándose a dejarse simplemente llevar, negándose a vacilar… "



Siempre se aferró a las nubes esperando tontamente el día que le sostuviesen. Pero aún no lo hacían, y poco a poco se iba acostumbrando a aquel descortés impacto contra el suelo. Eran tantas las veces que había tenido que levantarse a lo largo de su vida que había decidido ya vivir tumbado, sus pies no los sentía especialmente firmes. Algunos vuelan, él se arrastraba. Y sólo de vez en cuando, saltaba hasta tocar el cielo y reiteraba en su inútil deseo de recostarse entre esas volubles nubes que se reían alegremente de todo lo que sucedía a su alrededor.

Lo quería todo y no quería nada. Se presuponía feliz a la par que seguía expectante de colmar ese corazón que aún sentía vacío. Y decía que aquello en realidad no le preocupaba, que sabía que tarde o temprano aparecería por la puerta una dulce joven con tulipanes bajo el brazo y una frágil sonrisa. Pero mentía, era él quien llevaba toda la vida atravesando puertas con flores en la mano, muy a pesar de que al otro lado nunca le esperase nadie.

Era del tipo de persona que camina descalza por no estropear sus zapatos. Temía defraudar. De pequeño una vez dijo ¡¡quiero saberlo todo!! y por convicción o simplemente por no llevarle la contraria a aquel tierno niño aún lo seguía diciendo. Odiaba con insolencia tener que dudar de todo lo que hacía, de todo lo que era. Y a pesar de tener argumentos sólidos para poder sacar algo en claro de vez en cuando, se negaba rotundamente a ello. Podría albergar aún el más mínimo pero, y eso lo llevaría de bruces a cometer un error. Error. Qué mal le sonaba, retumbaba su cráneo solo con pensarlo.

Y por más que su reflejo en el espejo le aconsejara cada mañana que cometiese alguna estupidez, la euforia le duraba muy poco. Una vez se alejaba volvía a ser él, y a ese joven con ganas de experimentar, explotar y al fin vivir que le miraba con aflicción desde la distancia, lo desterraba hasta el día siguiente. En el fondo había asumido que en el mundo tiene que haber de todo, y que a él en el reparto simplemente le fue mal. Era una sutil forma de descargar toda su rabia por ser incapaz de arriesgarse a nada en la vida.




Y ya iba siendo hora de volver a desplomarse desde el cielo. Cogió impulso y ascendió para acariciar una vez más el inconsistente humo de las nubes que nunca lo sujetaban. No les guardaba rencor, cada uno se preocupa de lo suyo pensaba. Y aprovechó para saborear ese fugaz instante en el que su ascenso daría paso al descenso y su cuerpo se suspendería en el aire completamente inmóvil, flotando en el vacío. Le encantaba. Alargaría ese momento hasta el resto de su vida, pero por desgracia había comenzado ya la caída.

Y el descenso se hacía más y más rápido. Y cerró los ojos como acto reflejo, quizás si no veía su violento impacto le dolería menos. Pero no ocurría nada, y ya hacía rato que tendría que haberse estampado contra el asfalto. Sentía estar cerca del suelo, pero perduraba esa sensación que tanto le gustaba de seguir flotando. Abrió los ojos para descubrir de qué se trataba y cruzó inesperadamente su mirada con la de una joven de cara franela que le sostenía en brazos suavemente a escasos centímetros de tierra firme. Le había frenado.

Y al verla no supo con certeza si se trataba del amor de su vida o de una transeúnte pasajera, al menos no se parecía nada a la chica pelirroja de mirada perdida con la que solía soñar. Pero descubrió que realmente le daba igual no saberlo. Por primera vez en su vida sentía el placer de la incertidumbre, el placer a lo desconocido. ¡Le acababan de librar de una dolorosa vuelta a la consciencia incluso meciéndole aún donde ni tan siquiera las nubes podían! Y estaba tan excitado, tan feliz y exuberante por besar a aquella angelical desconocida, que tampoco le importó que no llevase tulipanes.

martes 3 de febrero de 2009

Extrema delgadeza


- ¿Cuánto pesas?
- ¿yo? 21 gramos.