martes 20 de abril de 2010

Ewoks


A
lquiló una lonja en la calle Fuensanta (estrecho y recóndito callejón perpendicular a la avenida Napoleón), y pidió prestadas ciento cuarenta sillas a la parroquia. Pegó carteles, mandó correos, dejó papeletas cortadas a mano bajo limpiaparabrisas, en buzones, y hasta se atrevió con una cuña que sonaba cada hora en Radio Sultana.

Se podría decir que era primerizo en cuanto a cuestiones de organización de eventos se refería, apenas sabía nada sobre el asunto, pero era notorio que su buena intuición y su incondicional pasión por los ewoks, lo iban dirigiendo por buen camino.

Pero lo que nunca se podría haber imaginado, es que el día de la convención, nada más salir del portal, al girar la cabeza de pronto vería cómo cuatro peludos individuos que no llegaban a los 30 cm de altura, discutían mapa en mano acerca del paradero de una tal calle Fuensanta, mientras que otro individuo unos pasos más para atrás, no dejaba de repetir que no llegarían a tiempo.

2 gruñidos:

jordim dijo...

jaja, me encanta ese ultimo párrafo...

Rose Kavalah dijo...

:) Sí, estaría genial de pronto encontrarte con la escena

Gracias Jordi